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LA PIRAMIDE DEL FUEGO: Códice Matz-Ayauhtla – John Major Jenkins

30 Nov

 Tomado de “El Códice Azteca”

Nota: Este códice fue creado por el poeta norteamericano Martin Matz,inspirado en láminas de los códices Borbónico y Borgia.
 
111130 La piramide de fuego – Rodney Collins

111130 La Piramide de Fuego

1

Por encima de todo, en todos los mundos y en todos los tiempos, existe Tloque Nahuaque, Señor de la Íntima Cercanía, Espíritu universal, inimaginable, sin forma, el Absoluto. De su seno nació Tonacatecuhtli, Señor de nuestro sustento, padre de todos los dioses y de todos los mundos, creador de todos los cosmos y de todas las galaxias. De su seno nacieron Tzitzimime, gigantes que descienden del cielo sobre nuestra galaxia, la Vía Láctea. De su seno nació Tonatiuh, el Sol, señor de nuestro sistema solar, Dador de vida a todos los planetas, plantas, bestias y hombres.

De su seno nacieron los hijos e hijas que giran con reverencia en torno a él, los planetas: Mixcoatl, la Serpiente de Nubes, Saturno; Tezcatlipoca, el Espejo Velado, Júpiter; Huitzilopochtli, el Mago Colibrí, Marte; Itzpapalotl, la Mariposa Obsidiana, Venus; Paynal, el Corredor Veloz, Mercurio; Tlaltecuhtli,Señor de Nuestro planeta, la Tierra, esfera viva de tierra, piedra, aire y querencia. Sobre los cuales reina Xochiquetzal, Flor de Pluma Rica, Naturaleza, diosa de todo cuanto vive, crece, florece y es generado.

2

Estos ocho niveles de divinidad, cada uno de los cuales no es nada para aquel del que ha salido y es infinito para aquel al que da vida, se asemejan a las ocho notas de la escala musical cósmica: Tonatiuh, Mixcoatl, Tezcatlipoca, Paynal y Metztli.

Como el Sol, los planetas y la luna, suenan las ocho notas de la escala musical solar. Las ocho notas de la música de la naturaleza suenan como héroes, hombres, animales, insectos, planetas, suelo, piedra y metales. Las ocho notas de la música humana suenan como espíritu, corazón, cabeza, semen, sangre, vísceras, nervios y huesos.

Puesto que lo que está encima creó lo que está abajo, y lo que es bajo es reflejo de lo que es alto, el universo es Tezcatlipoca, Espejo Velado, en el que el hombre todavía es incapaz de ver claro.

3

Todas las cosas del Cielo y de la Tierra han sido creadas por tres fuerzas, sin las cuales nada puede producirse, manifestarse ni desarrollarse. Por eso cada uno de los mundos no es gobernado por un dios, sino por tres: uno masculino, otro femenino y otro mediador, uno activo, uno pasivo y otro imparcial. Sólo Tolque Nahuaque es Uno.

Tonacatecuhtli, Padre de Nuestro Sustento, y Tonacacihuatl, Señora de Nuestro Sustento, unidos por Ometecuhtli, Señor de la Dualidad, gobierna todas las galaxias. Centzonhuitznahuac,cuatrocientos al sur, y Centzonmimixcoa, cuatrocientos al norte, reconciliados por Tzitzimime, gigantes que descienden de lo alto, gobiernan la Vía Láctea. Sólo Tonatiuh es uno, el Sol.

Tlaltecuhtli, Señor de la Tierra, y Tlazoltecoatl, la Madre Tierra, reconciliados por Coatlicue, vestido con serpientes, gobiernan nuestro planeta. Xochiquetzal, Flor de Pluma Rica, Xochipilli, Príncipe de las Flores, y el hijo de ambos Centeotl, Dios del Maíz, gobiernan la naturaleza. Metztli y su hermana Coyolxauhqui, pintada con cascabeles y cráteres, Tecciztecatl, el de la Concha Marina, gobiernan la Luna. Mictlantecuhtli, Señor de los Muertos, y Mictecacihuatl, Señora de la Muerte, reconciliados ambos por Teoyaomiqui, Señor del Guerrero Muerto, gobiernan los mundos del infierno.

4

Cada mundo es el juego de tres dioses, tres fuerzas y su campo de acción. Según sea un dios el que guíe, según sea un dios u otro el que siga, según sea un dios u otro el que concluya, pueden darse seis clases de juegos, seis procesos que crean todo cuanto acontece o puede acontecer. Estas seis clases de juego divino deciden el crecimiento, la decadencia, la purificación, la enfermedad, la curación y la regeneración del mundo.

Y mientras tres fuerzas crean todas las cosas en todo lo que es hecho, hay cuatro estados de la materia y cuatro deidades que los gobiernan. Xiuhtecuhtli, Señor del Año, gobierna la materia activa masculina, el fuego. Chalchiuhtlicue, la de Falda de Jade, gobierna la materia pasiva femenina, el agua. Ehecatl, dios del Viento, gobierna la materia imparcial mediadora y unificadora, el aire. Cihuacoatl, la Serpiente Mujer, gobierna la materia inerte, conductora de todas las fuerzas, la tierra.

Mientras que tres fuerzas crean todas las cosas, hay cuatro estados de tiempo, cuatro estaciones del año y cuatro deidades que las gobiernan. Xipe Totec, el pelado, gobierna la estación ardiente en que la tierra se desnuda, la primavera. Tlaloc, aquel que hace germinar, gobierna la estación húmeda en que la tierra se viste, el verano. Chicomecoatl, la Séptima Serpiente, Diosa del Maíz, gobierna la estación ventosa en que la tierra se acicala, el otoño. Itztlacoliuhqui, Cuchillo Espiral, gobierna la estación yerma en que la tierra se enfría, el invierno.

5

No es el hombre el que hace su voluntad cuando guerrea, ama, cosecha; es el ritmo de los grandes dioses, de los planetas, el que actúa sobre él y le hace obrar. Cuando el hombre comprende que por si mismo no puede hacer, nada, entonces aprende a servir a los dioses; así pues, debe cobrar conciencia del ritmo de los dioses.

El calendario que gobierna la vida del hombre, el Tonalpohualli, se basa en los ritos de los planetas que giran más cerca de la tierra: Paynal, Mercurio, Quetzalcoatl, Venus, y Huitzilopochtli, Marte. Es Paynal el que gobierna el movimiento y la danza de los hombres. Quetzalcoatl gobierna su crecimiento y su fertilidad. Huitzilopochtli gobierna la lucha y la guerra de los hombres.

Y al igual que el Sol ilumina la Tierra del mismo modo cada 365 días, cada 117 días Paynal brilla sobre la tierra del mismo modo, cada 585 días brilla Quetzalcoatl del mismo modo, cada 780 días brilla Huitzilopochtli del mismo modo. Asi pues, la semana tiene 13 días, agente de los ciclos de Paynal y Quetzalcoatl. El mes tiene 20 días, agente del ciclo de Huitzilopochtli. Y el Tonalpohualli, año sagrado de los planetas, tiene 13 veces 20, o 260 días.

Y paralelamente a este Año Sagrado de los Planetas aparece el Año del Sol, por el que el hombre siembra, cosecha y reconoce las estaciones. Y los dos años representan el doble juego de la divinidad en los cielos; uno es el juego del Divino Muchos y el otro es el juego del Divino Uno. Así pues, un Tonalpohualli mide 2 ¼ ciclos de Paynal. Un Tonalpohualli mide 4/9 de un ciclo de Quetzalcoatl. Un Tonalpohualli mide 1/3 de un ciclo de Huitzilopochtli. Un Tonalpohualli mide 2/3 de un ciclo de Mixcoatl. El Tonalpohualli mide los ciclos de todos los planetas.

Después de 9 Tonalpohualli, Paynal, Quetzalcoatl y Huitzilopochtli brillan todos sobre la tierra del mismo modo, todo vuelve a comenzar de nuevo, se da una nueva oportunidad.

Después de 73 Tonalpohualli (52 años solares), este Año Sagrado de los Planetas coincide con el año de Tonatiuh, el Sol. Durante cinco días se apagan todos los fuegos y se enciende un fuego nuevo en la montaña sagrada, un fuego tomado directamente de la fuente solar. Y con gran ceremonia se encienden todos los fuegos de nuevo, de este Hijo del Sol.

Después de 108 Tonalpohualli, los ritmos de los planetas menores se unen con los ritmos de los planetas mayores; todos los planetas que dan forma y carácter al hombre brillan juntos del mismo modo. Tal es la duración de la vida del hombre.

Después de 657 Tonalpohualli (468 años terrestres), los ciclos de los planetas menores y los ciclos del Sol acaban juntos. Tonatiuh, Quetzalcoatl, Huitzilopochtli y Paynal brillan de nuevo en el mismo tiempo del mismo modo. Esto es una Era, la duración de la vida de una cultura.

6

En los cielos de la tierra navegan Tecziztecatl, el de la Concha Marina (la Luna) y Tonatiuh, el Sol. La tierra y todas sus criaturas están bajo su poder. En la Tierra existen los mundos de la naturaleza, la vida simple de las aguas, los árboles, los insectos, los animales y dos clases de hombre.

Una clase es la del hombre común, desnudo, inerte, amenazado siempre por los dardos de la muerte. La otra clase es la delhombre superior. A la sombra del altar, los pinchos del maguey de la penitenciase convierten en él en alas para el alma, y en sus manos armoniza los cuatro estados de la matera. Ha obtenido la conciencia, ha obtenido el poder de la Verdad y es capaz de obrar. ¡Es! El otro hombre es como un animal agonizante, amarrado al árbol del que come. Le da su energía vital a Tecciztecatl, la Luna, mientras su cuerpo es devorado por Tlaltecuhtli, la tierra.

Así pues, todas las cosas devoran y son devoradas, comen y son comidas, es la jerarquía cósmica. Las plantas comen los minerales y son comidas por los animales, los animales comen plantas y a su vez son devorados por la tierra. Y así el hombre, como organismo animal, devora plantas y es devorado por la tierra a su debido tiempo. Y si es sólo cuerpo, no tiene otro destino que este.

Pero el hombre superior se alimenta de sacrificio, desarrolla el alma, y su alma se hace alimento para Tonatiuh, el Sol. Así pues, mientras que los pinchos del maguey reposan sobre el lecho de paja, el alma del hombre liberado reposa sobre la Colina del Cielo.

7

El hombre nació de Tlazolteotl, la Madre Tierra, disfrazada de Ixcuina como Consumidora de Desechos, como aquella que toma en su seno todas las cosas que mueren y las pudre y regenera, renovándose a si misma sin cesar. Aun lleva su piel muerta cuando otra nueva le crece por debajo.

Cerca y por encima de la entrada del Reino de la Materia, está el germen o símbolo del hombre por nacer. Surge de la Madre Tierra al mundo de los hombres, pero Tezcatlipoca, el Halcón Heraldo de los dioses, está también allí. Sobre su cabeza está el símbolo de la Vía Láctea, sobre su pecho está el disco solar, y en sus manos están las alas del alma del hombre, obsequio de los dioses al nacer.

Y entre la Madre Tierra y el Heraldo del Cielo, se encuentra el símbolo de la naturaleza dual del hombre: el ciempiés terrenal de su columna vertebral, entrelazado con la serpiente celeste de la conciencia que puede alojarse en él. Y una vez más, debajo a la izquierda, vemos lo que queda cuando las alas de la serpiente se han ido volando: el corazón del guerrero muerto, la cabeza sobre el altar, y el cráneo del prisionero muerto en la estaca, porque la vida volverá a su fuente y el alma volverá a su principio.

8

El hombre trepa por el árbol de la vida entre Tonatiuh, el Sol, y Mictlantecuhtli, Señor de los Infiernos y la Muerte. A los pies del árbol que crece entre los símbolos querepresentan la tierra, el aire, el agua y el fuego, las partes constituyentes que intervinieron en su concepción están reunidas: el semen con el que sus padres lo engendraron, el cerdo de la personalidad, el águila del espíritu, y, en un cesto claveteado de estrellas, los huesos de la mortalidad y las alas del alma.

La copa del árbol de la Muerte donde brilla el mismo Sol, el Sol de Medianoche que irradia las cuatro vías o caminos. De aquí surgen las alas del alma finalmente liberada, mientras por encima, cada una de sus diversas partes, separadas por la muerte, corren a su destino.

A la izquierda, hacia los campos de la muerte, va el cadáver envuelto en carne, la bestia que regresa a la raíz del árbol. A la derecha, del lado de la vida, va la serpiente de la conciencia que vino del Sol y al Sol regresa, el espíritu por el que el hombre se transfigura en el mundo estelar. Y, por encima de todo, la Vía Láctea de soles sin número.

9

Chalchiuhtlicue, Diosa de las Aguas Terrenas, de lo que fluye, corre, mana hacia delante y hacia abajo, y que llega siempre a los niveles más profundos. Chalchuhtlicue hincha los frutos y las flores sólo para que puedan caer. Chalciuhtlicue llena la calabazade pulque para que el hombre pueda olvidar. Chalchiuhtlicue, corriente que desciende por el cauce de los ríos, corriente que fluye por el cauce del tiempo, volviendo inertes los desechos humanos y los útiles de guerra, y llevándolos a todos a su inevitable fin.

Tlaloc, Dios del Agua Celeste, dios del vapor que sube de la tierra calentada por el Sol tras las lluvias, dios de la bruma que asciende de los valles al alma, dios del agua que vuelve a sus fuentes en las nubes que nadan sobre las más altas cumbres, dios del húmedo incienso del que se elevan las plegarias del copal y las plegarias del sacrificio. Tlaloc es el regreso del vapor que se esfuerza por subir, es el regreso del tiempo que se esfuerza por recordar. Tlaloc, dios de la Lucha contra la Corriente, con cuya ayuda el héroe combate contra el torrente hacia su propio origen y principio, hacia las alas de su alma, las alas que Tlaloc oculta en el pasado del héroe.

10

Quetzalcoatl, la Serpiente de Plumas, se mueve entre dioses y hombres, puesto que Quetzalcoatl es dios que recala en el hombre, y es el hombre que alcanza la divinidad. La Serpiente Emplumada nació cuando a lo que se desliza sobre la tierra le salieron alas para elevarse a los Cielos. Quetzalcoatl es un hombre superior, el círculo interior de la humanidad, el eslabón entre los dioses y los hombres.

Todos los hombres están hechos de tierra, aire, agua y fuego, criaturas de Cihuacoatl, Chalchiuhtlicue, Ehecatl y Xiuhtecuhtli. Todos los hombres reciben sus formas de los planetas, a través de Mixcoatl, Tezcatlipoca, Huitzilopochtli, Itzpapalotl, Paynal y Metstli.

Pero en su corazón y en su semen, cada hombre tiene su propio Coatl, su propia serpiente, la energía de Tonatiuh, el poder del mismo Sol. Y en esa serpiente duerme la conciencia, en esta serpiente se oculta su divinidad, de esta serpiente nacerán sus alas.

En el hombre común, la serpiente no tiene más que una cabeza, dañina y cruel, y carente de control sobre la energía de Tonatiuh y su don de conciencia. La energía sale escupida de ella, se vuelve venenosa. El hombre común no puede conservarla ni utilizarla.

Pero el que busca aprende a volver la serpiente hacia adentro, y la serpiente hiere al enemigo que lleva en su interior. Dispara dentro y fuera, y crea la serpiente de dos cabezas. El héroe aprende un gran secreto a través del conocimiento, el esfuerzo, el sacrificio y el amor. Envaina sus incisivos de serpiente y a ella le hace tragarse su propio veneno. Y de la digestión de este veneno nacen las alas del espíritu. Quetzalcoatl, la Serpiente Emplumada ha nacido en él, se mueve entre los dioses y los hombres.

Quetzalcoatl es también el planeta Venus. Forma parte de la trinidad junto con Itzpapalotl, Mariposa de Obsidiana, y Tlahuizcalpantecuhtli, Señor de la Mañana. Así como Itzpapalotl gobierna el crecimiento humano, la muerte y el renacimiento de las criaturas, Quetzalcoatl gobierna el crecimiento, la muerte y el renacimiento de las almas de los hombres.

11

Hay en el corazón una energía oculta que viene de Tonatiuh, el Sol, y si el hombre la libera, retornándola conscientemente al Sol, se vuelve inmortal. Pero, para liberar esa energía, es necesario el sacrificio. El hombre debe sacrificar los deseos y hábitos que adora, sacrificarlos en si mismo y volver el cuchillo contra el enemigo que lleva en su interior, que mantiene su corazón prisionero.

Hasta tiempos recientes, los hombres todavía recordaban estas palabras, pero han olvidado ya su significado. Han convertido a los demás hombres en enemigos para sacrificarlos y arrancarles el corazón, creyendo que con tales ofrendas lograrían que Tonatiuh les fuera propicio. Tanta es su degeneración, tanta su superstición. Cuando el miedo de alía con el conocimiento, se hacen cosas terribles.

Es nuestro yo interior el que debemos sacrificar, es nuestro propio corazón el que hay que arrancar del falso ser y ofrecerlo a la luz. Que Xiuhtecuhtli, Señor del Fuego, queme mi falso ser. Que Itztli, Cuchillo de obsidiana, libere mi corazón.

12

Terrible es Itztlacoliuhqui, Cuchillo de Obsidiana, diosa del sacrificio, maravillosa y terrible. Porque el cuchillo sacrificial libera la sangre en todas las cosas, la sangre de los criminales lapidados, la sangre del ciervo decapitado, la sangre de la misma piedra que mata, la sangre del mismo cuchillo, la sangre de la lanza del poder, la sangre del quemador de incienso, la sangre de la fuerza vital que vuela hacia la Luna, la sangre del alma, la sangre del sistema solar, la sangre de cada una de las estrellas.

¿Cuál es la sangre que conecta las piedras con el alma, los hombres con los soles? Es la unidad universal, el principio creador único que cristaliza en miríadas de formas. Y cuando es liberado por el sacrificio, retorna a la unidad. Porque sacrificar es obrar conscientemente, sacrificar lo que va a ser arrebatado, es negar al destino lo que toma.

Defrauda a la muerte sacrificando la vida; porque de la mano de la Diosa del Sacrificio que sostiene la hoja de obsidiana, salta el germen de la vida por venir.

13

Sembrar vida en las piras sacrificiales. ¿Se elevan las llamas en la colina de la estrella, hacia Culhuacan? ¿O es mi propio corazón el que se inflama? El ciclo de los años ha pasado, la espera ha concluido. ¡Venid, reuníos, peregrinos, que el cielo esta en llamas!

De Xochicalco a Teotihuacan el rojo se extiende, un paso, otro paso y otro más, sólo doce pasos cortos desde la cueva de la matriz hasta la conflagración final. Ahora Cihuacoatl, Ehecatl, Chalchiuhtlicue y Xiuhtecuhtli incendian los cuatro elementos. Los siete dioses planetarios arrojan al fuego mis partes constitutivas. Tlaltecuhtli, los huesos; Metztli, las vísceras; Paynal, los miembros; Itzpapalotl, mi dulce carne. Huitzilopochtli añade mi pasión; Tezcatlipoca mi pena; Mixcoatl, mi frágil mente.

Las llamas arden con ferocidad hacia la consumación… ¡Elevaos, llamas, qué luz, qué calor! El humo asciende y gira en espiral, la oscuridad desaparece mientras las llamas se elevan hacia el trono de Tonatiuh, la luz más pura.

 
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Publicado por en 30 noviembre, 2011 en Libro

 

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