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Archivos Mensuales: noviembre 2011

THE CHRISTIAN MYSTERY – Rodney Collin

111130 The Christian Mystery – Rodney Collin

The Christian Mystery by Rodney Collin is indeed visionary and is not meant to be easily accessible.  It consists of a series of meditations and reflections on Christian esotericism and Christian Litany for the Enneagram.

 

 

Libro proporcionado por nuestro Q:.H:. A:.M:. Alberto Pérez Morales para su máximo conocimiento.

 
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Publicado por en 30 noviembre, 2011 en Libro

 

LA PIRAMIDE DEL FUEGO: Códice Matz-Ayauhtla – John Major Jenkins

 Tomado de “El Códice Azteca”

Nota: Este códice fue creado por el poeta norteamericano Martin Matz,inspirado en láminas de los códices Borbónico y Borgia.
 
111130 La piramide de fuego – Rodney Collins

111130 La Piramide de Fuego

1

Por encima de todo, en todos los mundos y en todos los tiempos, existe Tloque Nahuaque, Señor de la Íntima Cercanía, Espíritu universal, inimaginable, sin forma, el Absoluto. De su seno nació Tonacatecuhtli, Señor de nuestro sustento, padre de todos los dioses y de todos los mundos, creador de todos los cosmos y de todas las galaxias. De su seno nacieron Tzitzimime, gigantes que descienden del cielo sobre nuestra galaxia, la Vía Láctea. De su seno nació Tonatiuh, el Sol, señor de nuestro sistema solar, Dador de vida a todos los planetas, plantas, bestias y hombres.

De su seno nacieron los hijos e hijas que giran con reverencia en torno a él, los planetas: Mixcoatl, la Serpiente de Nubes, Saturno; Tezcatlipoca, el Espejo Velado, Júpiter; Huitzilopochtli, el Mago Colibrí, Marte; Itzpapalotl, la Mariposa Obsidiana, Venus; Paynal, el Corredor Veloz, Mercurio; Tlaltecuhtli,Señor de Nuestro planeta, la Tierra, esfera viva de tierra, piedra, aire y querencia. Sobre los cuales reina Xochiquetzal, Flor de Pluma Rica, Naturaleza, diosa de todo cuanto vive, crece, florece y es generado.

2

Estos ocho niveles de divinidad, cada uno de los cuales no es nada para aquel del que ha salido y es infinito para aquel al que da vida, se asemejan a las ocho notas de la escala musical cósmica: Tonatiuh, Mixcoatl, Tezcatlipoca, Paynal y Metztli.

Como el Sol, los planetas y la luna, suenan las ocho notas de la escala musical solar. Las ocho notas de la música de la naturaleza suenan como héroes, hombres, animales, insectos, planetas, suelo, piedra y metales. Las ocho notas de la música humana suenan como espíritu, corazón, cabeza, semen, sangre, vísceras, nervios y huesos.

Puesto que lo que está encima creó lo que está abajo, y lo que es bajo es reflejo de lo que es alto, el universo es Tezcatlipoca, Espejo Velado, en el que el hombre todavía es incapaz de ver claro.

3

Todas las cosas del Cielo y de la Tierra han sido creadas por tres fuerzas, sin las cuales nada puede producirse, manifestarse ni desarrollarse. Por eso cada uno de los mundos no es gobernado por un dios, sino por tres: uno masculino, otro femenino y otro mediador, uno activo, uno pasivo y otro imparcial. Sólo Tolque Nahuaque es Uno.

Tonacatecuhtli, Padre de Nuestro Sustento, y Tonacacihuatl, Señora de Nuestro Sustento, unidos por Ometecuhtli, Señor de la Dualidad, gobierna todas las galaxias. Centzonhuitznahuac,cuatrocientos al sur, y Centzonmimixcoa, cuatrocientos al norte, reconciliados por Tzitzimime, gigantes que descienden de lo alto, gobiernan la Vía Láctea. Sólo Tonatiuh es uno, el Sol.

Tlaltecuhtli, Señor de la Tierra, y Tlazoltecoatl, la Madre Tierra, reconciliados por Coatlicue, vestido con serpientes, gobiernan nuestro planeta. Xochiquetzal, Flor de Pluma Rica, Xochipilli, Príncipe de las Flores, y el hijo de ambos Centeotl, Dios del Maíz, gobiernan la naturaleza. Metztli y su hermana Coyolxauhqui, pintada con cascabeles y cráteres, Tecciztecatl, el de la Concha Marina, gobiernan la Luna. Mictlantecuhtli, Señor de los Muertos, y Mictecacihuatl, Señora de la Muerte, reconciliados ambos por Teoyaomiqui, Señor del Guerrero Muerto, gobiernan los mundos del infierno.

4

Cada mundo es el juego de tres dioses, tres fuerzas y su campo de acción. Según sea un dios el que guíe, según sea un dios u otro el que siga, según sea un dios u otro el que concluya, pueden darse seis clases de juegos, seis procesos que crean todo cuanto acontece o puede acontecer. Estas seis clases de juego divino deciden el crecimiento, la decadencia, la purificación, la enfermedad, la curación y la regeneración del mundo.

Y mientras tres fuerzas crean todas las cosas en todo lo que es hecho, hay cuatro estados de la materia y cuatro deidades que los gobiernan. Xiuhtecuhtli, Señor del Año, gobierna la materia activa masculina, el fuego. Chalchiuhtlicue, la de Falda de Jade, gobierna la materia pasiva femenina, el agua. Ehecatl, dios del Viento, gobierna la materia imparcial mediadora y unificadora, el aire. Cihuacoatl, la Serpiente Mujer, gobierna la materia inerte, conductora de todas las fuerzas, la tierra.

Mientras que tres fuerzas crean todas las cosas, hay cuatro estados de tiempo, cuatro estaciones del año y cuatro deidades que las gobiernan. Xipe Totec, el pelado, gobierna la estación ardiente en que la tierra se desnuda, la primavera. Tlaloc, aquel que hace germinar, gobierna la estación húmeda en que la tierra se viste, el verano. Chicomecoatl, la Séptima Serpiente, Diosa del Maíz, gobierna la estación ventosa en que la tierra se acicala, el otoño. Itztlacoliuhqui, Cuchillo Espiral, gobierna la estación yerma en que la tierra se enfría, el invierno.

5

No es el hombre el que hace su voluntad cuando guerrea, ama, cosecha; es el ritmo de los grandes dioses, de los planetas, el que actúa sobre él y le hace obrar. Cuando el hombre comprende que por si mismo no puede hacer, nada, entonces aprende a servir a los dioses; así pues, debe cobrar conciencia del ritmo de los dioses.

El calendario que gobierna la vida del hombre, el Tonalpohualli, se basa en los ritos de los planetas que giran más cerca de la tierra: Paynal, Mercurio, Quetzalcoatl, Venus, y Huitzilopochtli, Marte. Es Paynal el que gobierna el movimiento y la danza de los hombres. Quetzalcoatl gobierna su crecimiento y su fertilidad. Huitzilopochtli gobierna la lucha y la guerra de los hombres.

Y al igual que el Sol ilumina la Tierra del mismo modo cada 365 días, cada 117 días Paynal brilla sobre la tierra del mismo modo, cada 585 días brilla Quetzalcoatl del mismo modo, cada 780 días brilla Huitzilopochtli del mismo modo. Asi pues, la semana tiene 13 días, agente de los ciclos de Paynal y Quetzalcoatl. El mes tiene 20 días, agente del ciclo de Huitzilopochtli. Y el Tonalpohualli, año sagrado de los planetas, tiene 13 veces 20, o 260 días.

Y paralelamente a este Año Sagrado de los Planetas aparece el Año del Sol, por el que el hombre siembra, cosecha y reconoce las estaciones. Y los dos años representan el doble juego de la divinidad en los cielos; uno es el juego del Divino Muchos y el otro es el juego del Divino Uno. Así pues, un Tonalpohualli mide 2 ¼ ciclos de Paynal. Un Tonalpohualli mide 4/9 de un ciclo de Quetzalcoatl. Un Tonalpohualli mide 1/3 de un ciclo de Huitzilopochtli. Un Tonalpohualli mide 2/3 de un ciclo de Mixcoatl. El Tonalpohualli mide los ciclos de todos los planetas.

Después de 9 Tonalpohualli, Paynal, Quetzalcoatl y Huitzilopochtli brillan todos sobre la tierra del mismo modo, todo vuelve a comenzar de nuevo, se da una nueva oportunidad.

Después de 73 Tonalpohualli (52 años solares), este Año Sagrado de los Planetas coincide con el año de Tonatiuh, el Sol. Durante cinco días se apagan todos los fuegos y se enciende un fuego nuevo en la montaña sagrada, un fuego tomado directamente de la fuente solar. Y con gran ceremonia se encienden todos los fuegos de nuevo, de este Hijo del Sol.

Después de 108 Tonalpohualli, los ritmos de los planetas menores se unen con los ritmos de los planetas mayores; todos los planetas que dan forma y carácter al hombre brillan juntos del mismo modo. Tal es la duración de la vida del hombre.

Después de 657 Tonalpohualli (468 años terrestres), los ciclos de los planetas menores y los ciclos del Sol acaban juntos. Tonatiuh, Quetzalcoatl, Huitzilopochtli y Paynal brillan de nuevo en el mismo tiempo del mismo modo. Esto es una Era, la duración de la vida de una cultura.

6

En los cielos de la tierra navegan Tecziztecatl, el de la Concha Marina (la Luna) y Tonatiuh, el Sol. La tierra y todas sus criaturas están bajo su poder. En la Tierra existen los mundos de la naturaleza, la vida simple de las aguas, los árboles, los insectos, los animales y dos clases de hombre.

Una clase es la del hombre común, desnudo, inerte, amenazado siempre por los dardos de la muerte. La otra clase es la delhombre superior. A la sombra del altar, los pinchos del maguey de la penitenciase convierten en él en alas para el alma, y en sus manos armoniza los cuatro estados de la matera. Ha obtenido la conciencia, ha obtenido el poder de la Verdad y es capaz de obrar. ¡Es! El otro hombre es como un animal agonizante, amarrado al árbol del que come. Le da su energía vital a Tecciztecatl, la Luna, mientras su cuerpo es devorado por Tlaltecuhtli, la tierra.

Así pues, todas las cosas devoran y son devoradas, comen y son comidas, es la jerarquía cósmica. Las plantas comen los minerales y son comidas por los animales, los animales comen plantas y a su vez son devorados por la tierra. Y así el hombre, como organismo animal, devora plantas y es devorado por la tierra a su debido tiempo. Y si es sólo cuerpo, no tiene otro destino que este.

Pero el hombre superior se alimenta de sacrificio, desarrolla el alma, y su alma se hace alimento para Tonatiuh, el Sol. Así pues, mientras que los pinchos del maguey reposan sobre el lecho de paja, el alma del hombre liberado reposa sobre la Colina del Cielo.

7

El hombre nació de Tlazolteotl, la Madre Tierra, disfrazada de Ixcuina como Consumidora de Desechos, como aquella que toma en su seno todas las cosas que mueren y las pudre y regenera, renovándose a si misma sin cesar. Aun lleva su piel muerta cuando otra nueva le crece por debajo.

Cerca y por encima de la entrada del Reino de la Materia, está el germen o símbolo del hombre por nacer. Surge de la Madre Tierra al mundo de los hombres, pero Tezcatlipoca, el Halcón Heraldo de los dioses, está también allí. Sobre su cabeza está el símbolo de la Vía Láctea, sobre su pecho está el disco solar, y en sus manos están las alas del alma del hombre, obsequio de los dioses al nacer.

Y entre la Madre Tierra y el Heraldo del Cielo, se encuentra el símbolo de la naturaleza dual del hombre: el ciempiés terrenal de su columna vertebral, entrelazado con la serpiente celeste de la conciencia que puede alojarse en él. Y una vez más, debajo a la izquierda, vemos lo que queda cuando las alas de la serpiente se han ido volando: el corazón del guerrero muerto, la cabeza sobre el altar, y el cráneo del prisionero muerto en la estaca, porque la vida volverá a su fuente y el alma volverá a su principio.

8

El hombre trepa por el árbol de la vida entre Tonatiuh, el Sol, y Mictlantecuhtli, Señor de los Infiernos y la Muerte. A los pies del árbol que crece entre los símbolos querepresentan la tierra, el aire, el agua y el fuego, las partes constituyentes que intervinieron en su concepción están reunidas: el semen con el que sus padres lo engendraron, el cerdo de la personalidad, el águila del espíritu, y, en un cesto claveteado de estrellas, los huesos de la mortalidad y las alas del alma.

La copa del árbol de la Muerte donde brilla el mismo Sol, el Sol de Medianoche que irradia las cuatro vías o caminos. De aquí surgen las alas del alma finalmente liberada, mientras por encima, cada una de sus diversas partes, separadas por la muerte, corren a su destino.

A la izquierda, hacia los campos de la muerte, va el cadáver envuelto en carne, la bestia que regresa a la raíz del árbol. A la derecha, del lado de la vida, va la serpiente de la conciencia que vino del Sol y al Sol regresa, el espíritu por el que el hombre se transfigura en el mundo estelar. Y, por encima de todo, la Vía Láctea de soles sin número.

9

Chalchiuhtlicue, Diosa de las Aguas Terrenas, de lo que fluye, corre, mana hacia delante y hacia abajo, y que llega siempre a los niveles más profundos. Chalchuhtlicue hincha los frutos y las flores sólo para que puedan caer. Chalciuhtlicue llena la calabazade pulque para que el hombre pueda olvidar. Chalchiuhtlicue, corriente que desciende por el cauce de los ríos, corriente que fluye por el cauce del tiempo, volviendo inertes los desechos humanos y los útiles de guerra, y llevándolos a todos a su inevitable fin.

Tlaloc, Dios del Agua Celeste, dios del vapor que sube de la tierra calentada por el Sol tras las lluvias, dios de la bruma que asciende de los valles al alma, dios del agua que vuelve a sus fuentes en las nubes que nadan sobre las más altas cumbres, dios del húmedo incienso del que se elevan las plegarias del copal y las plegarias del sacrificio. Tlaloc es el regreso del vapor que se esfuerza por subir, es el regreso del tiempo que se esfuerza por recordar. Tlaloc, dios de la Lucha contra la Corriente, con cuya ayuda el héroe combate contra el torrente hacia su propio origen y principio, hacia las alas de su alma, las alas que Tlaloc oculta en el pasado del héroe.

10

Quetzalcoatl, la Serpiente de Plumas, se mueve entre dioses y hombres, puesto que Quetzalcoatl es dios que recala en el hombre, y es el hombre que alcanza la divinidad. La Serpiente Emplumada nació cuando a lo que se desliza sobre la tierra le salieron alas para elevarse a los Cielos. Quetzalcoatl es un hombre superior, el círculo interior de la humanidad, el eslabón entre los dioses y los hombres.

Todos los hombres están hechos de tierra, aire, agua y fuego, criaturas de Cihuacoatl, Chalchiuhtlicue, Ehecatl y Xiuhtecuhtli. Todos los hombres reciben sus formas de los planetas, a través de Mixcoatl, Tezcatlipoca, Huitzilopochtli, Itzpapalotl, Paynal y Metstli.

Pero en su corazón y en su semen, cada hombre tiene su propio Coatl, su propia serpiente, la energía de Tonatiuh, el poder del mismo Sol. Y en esa serpiente duerme la conciencia, en esta serpiente se oculta su divinidad, de esta serpiente nacerán sus alas.

En el hombre común, la serpiente no tiene más que una cabeza, dañina y cruel, y carente de control sobre la energía de Tonatiuh y su don de conciencia. La energía sale escupida de ella, se vuelve venenosa. El hombre común no puede conservarla ni utilizarla.

Pero el que busca aprende a volver la serpiente hacia adentro, y la serpiente hiere al enemigo que lleva en su interior. Dispara dentro y fuera, y crea la serpiente de dos cabezas. El héroe aprende un gran secreto a través del conocimiento, el esfuerzo, el sacrificio y el amor. Envaina sus incisivos de serpiente y a ella le hace tragarse su propio veneno. Y de la digestión de este veneno nacen las alas del espíritu. Quetzalcoatl, la Serpiente Emplumada ha nacido en él, se mueve entre los dioses y los hombres.

Quetzalcoatl es también el planeta Venus. Forma parte de la trinidad junto con Itzpapalotl, Mariposa de Obsidiana, y Tlahuizcalpantecuhtli, Señor de la Mañana. Así como Itzpapalotl gobierna el crecimiento humano, la muerte y el renacimiento de las criaturas, Quetzalcoatl gobierna el crecimiento, la muerte y el renacimiento de las almas de los hombres.

11

Hay en el corazón una energía oculta que viene de Tonatiuh, el Sol, y si el hombre la libera, retornándola conscientemente al Sol, se vuelve inmortal. Pero, para liberar esa energía, es necesario el sacrificio. El hombre debe sacrificar los deseos y hábitos que adora, sacrificarlos en si mismo y volver el cuchillo contra el enemigo que lleva en su interior, que mantiene su corazón prisionero.

Hasta tiempos recientes, los hombres todavía recordaban estas palabras, pero han olvidado ya su significado. Han convertido a los demás hombres en enemigos para sacrificarlos y arrancarles el corazón, creyendo que con tales ofrendas lograrían que Tonatiuh les fuera propicio. Tanta es su degeneración, tanta su superstición. Cuando el miedo de alía con el conocimiento, se hacen cosas terribles.

Es nuestro yo interior el que debemos sacrificar, es nuestro propio corazón el que hay que arrancar del falso ser y ofrecerlo a la luz. Que Xiuhtecuhtli, Señor del Fuego, queme mi falso ser. Que Itztli, Cuchillo de obsidiana, libere mi corazón.

12

Terrible es Itztlacoliuhqui, Cuchillo de Obsidiana, diosa del sacrificio, maravillosa y terrible. Porque el cuchillo sacrificial libera la sangre en todas las cosas, la sangre de los criminales lapidados, la sangre del ciervo decapitado, la sangre de la misma piedra que mata, la sangre del mismo cuchillo, la sangre de la lanza del poder, la sangre del quemador de incienso, la sangre de la fuerza vital que vuela hacia la Luna, la sangre del alma, la sangre del sistema solar, la sangre de cada una de las estrellas.

¿Cuál es la sangre que conecta las piedras con el alma, los hombres con los soles? Es la unidad universal, el principio creador único que cristaliza en miríadas de formas. Y cuando es liberado por el sacrificio, retorna a la unidad. Porque sacrificar es obrar conscientemente, sacrificar lo que va a ser arrebatado, es negar al destino lo que toma.

Defrauda a la muerte sacrificando la vida; porque de la mano de la Diosa del Sacrificio que sostiene la hoja de obsidiana, salta el germen de la vida por venir.

13

Sembrar vida en las piras sacrificiales. ¿Se elevan las llamas en la colina de la estrella, hacia Culhuacan? ¿O es mi propio corazón el que se inflama? El ciclo de los años ha pasado, la espera ha concluido. ¡Venid, reuníos, peregrinos, que el cielo esta en llamas!

De Xochicalco a Teotihuacan el rojo se extiende, un paso, otro paso y otro más, sólo doce pasos cortos desde la cueva de la matriz hasta la conflagración final. Ahora Cihuacoatl, Ehecatl, Chalchiuhtlicue y Xiuhtecuhtli incendian los cuatro elementos. Los siete dioses planetarios arrojan al fuego mis partes constitutivas. Tlaltecuhtli, los huesos; Metztli, las vísceras; Paynal, los miembros; Itzpapalotl, mi dulce carne. Huitzilopochtli añade mi pasión; Tezcatlipoca mi pena; Mixcoatl, mi frágil mente.

Las llamas arden con ferocidad hacia la consumación… ¡Elevaos, llamas, qué luz, qué calor! El humo asciende y gira en espiral, la oscuridad desaparece mientras las llamas se elevan hacia el trono de Tonatiuh, la luz más pura.

 
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Publicado por en 30 noviembre, 2011 en Libro

 

LA TEORÍA DE LA VIDA ETERNA – Rodney Collins, Linea de Gurdjieff

111201 La Teoria de la Vida Eterna – Rodney Collin – Gurdjieff

El autor es uno de los grandes seguidores de Gurdjieff,  define los términos “alma” y “espíritu” de una manera diferente a como lo hacemos nosotros, pero los que estén familiarizados con la obra de Nimrod de Rosario no tendrán dificultad para interpretar perfectamente lo que el autor quiere decir, y comprobarán que las diferencias entre ambos autores no son tan grandes. Una de las obras más profundas de este autor, en la que son perfectamente descritas las remotas posibilidades humanas de liberación desde el despertar hasta la metamorfosis final y liberación del espíritu.

El autor, que no se halla en posesión de la Gnosis, aunque parece aproximársele, establece claramente lo que son para él los términos “alma” y “espíritu”. Su confusión se advierte también en la mezcla que hace entre el Libro Tibetano de los Muertos, el cristianismo de San Macario, el budismo, el Apocalípsis de San Juan y el Hinduismo pues esa fractura se abrió durante la Segunda Guerra Mundial.

Las grandes tradiciones sostienen que la entidad total del hombre es in-mortal, y pasa por varios mundos. Aquí se expone el estudio del proceso. Collin sostiene que el alma va del mundo celular a otro molecular, de éste a uno electrónico o espiritual, para reintegrarse en otro cuerpo físico, en una rueda sin fin.

Pensamiento, palabra y acción

Libro proporcionado por nuestro Q:.H:. A:.M:. Alberto Pérez Morales para su máximo conocimiento.

 
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Publicado por en 30 noviembre, 2011 en Libro

 

¿Que hemos aprendido? – 29 de noviembre de 2011

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Una razón para Creer – 29 de noviembre de 2011

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La humanidad es como un barco, que se encuentra en medio del océano, perdido (su historia tiene de 160,000) años, el hombre no conoce de forma completa su propia historia, pues se han destruido los puentes de conocimiento de la misma, interrumpida también por puentes de desinformación, ¡la verdadera historia del hombre, es algo desconocido para él mismo!), no conoce su origen, ni su destino. El océano es su mundo y las partes que conforman el barco, somos los seres humanos: el casco y la quilla, son la población principal, la proa y la popa, la conforman conglomerados de personas, interesadas en saber cuál es el rumbo que se toma y como consecuencia de ello dominan el mundo de la especulación, las velas y el mástil son los seres humanos que empujan y le dan su fuerza, aprovechando la fuerza del viento y las corrientes marítimas, el timón creemos son las personas más experimentadas sabias y equilibradas que le dan sentido, conciencia colectiva y rumbo a esa humanidad……

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LA DANZA FINAL DE KALI – Ibn Asad

Libro proporcionado por nuestro Q:.H:. A:.M:. Alberto Pérez Morales para su máximo conocimiento.

111123 La Danza Final de Kali

Allá donde se viaje en el mundo moderno, se acaba por escuchar esta frase: El mundo va mal. Se oye esa misma frase en los cinco continentes, en cientos de lenguas diferentes, en bocas de gente de lo más variada: El mundo va mal. Como una intuición común a todos los seres humanos, todo hombre contemporáneo dirá o escuchará lo que todos han dicho o escuchado: El mundo va mal.

Y sin embargo, por mucho que esto se diga y se repita, por mucho que esté comúnmente admitido, por mucho que se acabe escuchando siempre lo mismo, el mundo no va mal. El mundo ni va mal ni puede ir mal, de la misma forma que tampoco va bien ni puede ir mejor. No podemos valorar la trayectoria del mundo con respecto a un modo circunscrito a lo humano. “Bien” y “mal” son adverbios de modo valiosos desde la perspectiva humana, pero absurdos y vacíos como dirección de algo que nos transciende, a saber, el mundo. Por lo tanto, si nos referimos al mundo, será más adecuado decir: ¡el mundo va! Esto ya supone decir mucho. ¿Cómo? ¿De dónde? ¿A dónde? Son preguntas que nos meten siempre en serios problemas.

No obstante, algo está ocurriendo cuando todos los seres humanos expresan que “algo no va bien”. Al no poder hablar en nombre del mundo, podemos decir: el mundo no va bien desde la valoración del ser humano. Parece que así es: hay descontento, sufrimiento, miedo, injusticia, crueldad, hambre, guerras,miserias, dolor, y una serie de emociones que ningún ser humano valora como “buenas”. Y he aquí un lúcido punto de partida de lectura de este libro: como humanos, identificamos lo que nos hace bien y lo que nos hace mal; lo discernimos, no lo confundimos. Aunque aparezcan en ocasiones disfrazados los unos de los otros, la alegría, la belleza y la dicha son buenas para lo humano, y el sufrimiento, la fealdad, y la miseria no lo son. Por ello, el mundo nos parece “no ir bien”, porque lo malo parece abundar en grado, cantidad e intensidad. El mal puede vencernos.

Por lo tanto, ¿no sería mejor cambiar la frase que todos dicen y escuchan por “los seres humanos van mal”? Es posible: vamos a centrarnos en la perspectiva humana, pues es la que nos corresponde. Si decimos que algo –en este caso, nosotros- va mal, decimos que sigue una trayectoria descendente de modo; es decir, que “vamos de mal en peor”. No hay ninguna objeción que pueda ponerse a esta ley: si se va mal, se tenderá a ir peor. ¿A qué responde esta tendencia? ¿A la cantidad? No: los seres humanos no aparentan ir de más cantidad a menos cantidad, pues actualmente somos más de 6.500 millones, por mucho que se empeñen genocidas, eugenistas y neomalthusianos en diezmarnos. La tendencia descendente que sigue el ser humano responde a la misma cualidad humana: vamos de “más humano” a “menos humano”. Cuando nos vemos ir de “mal en peor”, nos vemos alejándonos de la cualidad humana, estamos –con rigor- “degradándonos” como humanos, estamos mermando la virtud de lo que somos. Esta tendencia parecería dirigirse a un modo que no nos corresponde e ignoramos: la infrahumanidad. ¿Qué es eso? No lo sabemos. De la infrahumanidad, sólo sabemos que ella está sacando ventaja de nuestra trayectoria. Si desde nuestra perspectiva, “los seres humanos van mal”, se comprenderá que desde la perspectiva de esta fuerza, los seres humanos van bien, muy bien, requetebién. Cuanto peor para nosotros, mejor para esta fuerza. Esta fuerza, aun siendo inercia, tiene un plan, un proyecto, una estrategia. Este libro aborda esta estrategia.

¿Quién articula esta fuerza? Pregunta complicada. Comprobemos una contradicción: si toda la humanidad intuye “no ir bien”, una importante representación de esa humanidad mantendrá al mismo tiempo que el ser humano “está evolucionando”, “progresa”, va a mejor. Algunos dicen esto y muchos otros se lo creen. Lo más desconcertante es comprender que los más fervientes defensores de esta contradicción son los hombres y mujeres que gobiernan, dirigen y representan a los estados, corporaciones e instituciones que dan cuerpo al Establishment político. En términos ideológicos, a los apologistas de esta tendencia, se les puede llamar “progresistas”, pues defienden la noción de “progreso” como una trayectoria feliz que sigue el ser humano expresada en datos económicos y estadísticos. En términos científicos, a estas gentes se les puede llamar “evolucionistas”, y defienden un “progreso” en el dominio biológico, aplicable a una supuesta “especie” humana que proviene del simio y que continúa indefinidamente su periplo evolutivo. Incluso en términos sociales,este evolucionismo científico se llevará a sus más falaces y monstruosas aplicaciones (la eugenesia, el darwinismo social, y todos sus retoños), teorizadas y practicadas por gentes que podemos llamar “eugenistas”. Todos estos nombres (progresistas, evolucionistas, eugenistas) no difieren en su esencia: se trata deun mismo espíritu, el espíritu moderno.

Entonces nos encontramos con un supuesto ser humano (el hombre moderno) que escuchando –y en ocasiones admitiendo- que “la humanidad va mal”, defiende al mismo tiempo que “va bien”. ¿Qué locura es esa? Mantenerse en modernas posiciones “progresistas” requiere un ejercicio de un abyecto cinismo: cada década batimos nuestro propio record en hambre, guerras, torturas, genocidios, crueldad, exterminios, y todas las caras de la ausencia de humanidad. Y sin embargo, el discurso de la corrección política es cada día más progresista: los gobiernos hablan más y más de “libertad”, la ONU habla más y más de “paz”, e –incluso- las corporaciones transnacionales parecen dedicarse a la humanidad, con su “ayuda humanitaria”. ¿Se trata de una repugnante contradicción? Sí, pero no sólo: la esquizofrenia inherente al discurso oficial no es sólo una enfermedad mental. Se trata de algo mucho más duro, incomprensible e incómodo: existen seres humanos (muchos, en la actualidad) que defienden los intereses de la infrahumanidad. Desde su punto de vista, no hay contradicción en defender y trabajar a favor de la tendencia infrahumana: cuanto peor para el ser humano, mejor para los intereses a los que sirven. ¿Son humanos estos sujetos? Esa es una pregunta que este libro no va a abordar, y no porque la respuesta sea ambigua, sino porque no supone ser relevante para nuestro objetivo.

Este objetivo es el siguiente: exponer el proyecto, la trayectoria y el trabajo que esta fuerza ha estado llevando a cabo para culminar con éxito en un futuro relativamente inmediato. Para referirnos a este proyecto utilizaremos uno de los términos que sus propios teóricos, técnicos y apologistas han utilizado: Novus Ordo Seclorum. Sin duda, existen otros términos igualmente apropiados para referirse a dicho trabajo infrahumano: globalización, “Gran Obra De Todas Las Eras”, centralización de poder, secularización mundial, imperialismo europeo, Nuevo Orden Mundial, neoliberalismo económico, o –sencillamente- la modernidad. No obstante, todos estos términos –aun siendo apropiados desde diferentes puntos de vista: histórico, económico, político- sólo pueden encerrar una porción de una realidad con implicaciones mucho más profundas y serias de lo que podría parecer a simple vista. Es por ello por lo que conviene dejarlo claro desde el principio: el Novus Ordo Seclorum no se trata sólo de un simple programa político más o menos impuesto por una minoritaria élite, no es un sistema económico particular, ni una corriente filosófica, ni la pretensión de una sociedad, una logia, una raza, un estado o una familia. No; y jamás se insistirá lo suficiente en esto: el Novus Ordo Seclorum supone ser un programa de profundas implicaciones que afecta a la estructura social, a la ordenación política, a la misma concepción de humanidad… pero también –y ante todo-, afecta a la propia individualidad de cada uno de los seres humanos (su vida particular, su estructura emocional, se libertad mental, sus nociones de “yo”, “vida”, “muerte”…) No se trata de una historia sobre un mundo lejano, ni una paranoia individual extrapolada al plano político. El Novus Ordo Seclorum es la ambiciosa declaración de guerra a la humanidad, a nosotros como hombres, a ti como ser humano.

Como resulta ser la humanidad el protagonista pasivo de este proyecto (algo así como su alimento, su pasto, su ganado), introduciremos este capítulo con una breve contextualización de dicha humanidad apoyada en fuentes tradicionales. Aun suponiendo una seria amenaza, el Novus Ordo Seclorum no es sino una minúscula mota de polvo dentro del contexto que quiere destruir: la gran rueda de la manifestación humana. Como rueda, dicha humanidad responde a una revolución cíclica circunscrita en el tiempo, que todas las tradiciones han expuesto con claridad, y que el hombre moderno acostumbra a ignorar (si no adespreciar desde dicha ignorancia). Como este sería –con todo rigor- el contexto que nos corresponde e interesa para el objeto de este libro, primero se expondrán brevísimamente unas generalidades sobre esta humanidad.

 
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Publicado por en 23 noviembre, 2011 en Libro

 

Tomo V: México a través de los siglos – La Reforma 1855 – 1867

100113 Tomo V Mexico a traves de los Siglos (La Reforma 1855 – 1867)

México a Través de los Siglos es el título de una enciclopedia sobre la historia de México que fue publicada en 1880. Según la publicidad de la época, se trataba de “Historia general y completa del desenvolvimiento social, político, religioso, militar, artístico, científico y literario de México desde la antigüedad más remota hasta la época actual”, finalmente declarándose como: “Obra única en su género”.

Este proyecto editorial fue dirigido por el historiador Vicente Riva Palacio, con la participación de historiadores como Alfredo Chavero, Juan de Dios Arias, Enrique de Olavarría y Ferrari, José María Vigil y Julio Zárate. Se divide en 5 tomos:

  • Tomo I: “HISTORIA ANTIGUA Y DE LA CONQUISTA” (desde la antigüedad hasta 1521). Por Alfredo Chavero.
  • Tomo II: “HISTORIA DEL VIRREINATO” (1521 – 1807). Por Vicente Riva Palacio.
  • Tomo III: “LA GUERRA DE INDEPENDENCIA” (1808 – 1821). Por Julio Zárate.
  • Tomo IV: “MEXICO INDEPENDIENTE” (1821 – 1855). Por Juan de Dios Arias (quien murió mientras lo escribía) y fue continuada por Enrique de Olavarría y Ferrari.
  • Tomo V: “LA REFORMA” (1855 – 1867). Por José María Vigil.
 
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Publicado por en 23 noviembre, 2011 en Libro